¡Qué poca mad… tienes, Covid!, afectaste a la madre de David y de todos

A SIMPLE VISTA

  • Qué impotencia e imagino que ustedes también lo sintieron así, ver a nuestras madres ahí en su apartamento, casa o vivienda tan solo con su mascota esperando en Dios que todo esto pase y volvernos a reunir en familia el próximo año para abrazarnos y darnos el clásico beso en la mejilla

POR GAEL BUENDÍA

Desde algún lugar del mundo a 11 de mayo de 2020.-Como todos los años, toda la familia estábamos ahí reunidos con el fin de consentir a mamá y que ella se dejara querer por sus hijos, nietos y nueras… en fin, toda la parentela.

La intención era que este día tan especial (10 de mayo), la autora de nuestros días estuviera ahí sentadita en la silla principal para recibir nuestro cariño sin faltar por supuesto el clásico abrazo y beso de todos nosotros, transmitiéndole el más profundo amor por quien nos dio la vida, pero sobre todo su abnegación en nuestra infancia hacia nosotros sus hijos… ¿y por qué no decirlo? Aventándonos el clásico chanclazo para corregirnos.

Esa era la intención, consentirla, y que se estuviera quietecita recibiendo nuestro cariño, sin embargo, como todos los años la jefecita no nos permitió tenerle ahí “de inútil” y, como todos los años, ella misma nos atendió y nos sirvió las viandas que previamente había preparado… y según nuestros cálculos había empleado por lo menos unas tres horas de arduo trabajo.

“No me hagan una inútil, aún tengo fuerzas para consentirlos”, nos dijo a manera de regaño y añadió: “Así que a comer y no me hagan berrinchitos”.

Y cómo hacerlos si, A SIMPLE VISTA, se veían muy ricas las corundas, los huazontles que tanto le gustan a la carnala menor.

Por supuesto no podían faltar las ricas migas que es el plato preferible del que esto escribe. Y qué decir del imprescindible pápalo que adornaba la mesa y que nos impregnó de su clásico olor en cuando nos abrió la puerta la jefecita… y párale de contar.

Claro que no podía faltar el postre que en esta ocasión la jefecita se discutió con ¡tres! Fíjese nada más qué manjares: Arroz con leche, plátanos fritos y los tamalitos de rajas que la jefecita es especialista en prepararlos, los cuales degustamos unos con el clásico cafecito de olla con su canelita y otros con un vaso de champurrado.

Huelga decir que después de degustar todas esas viandas nos dispusimos a escuchar el trío que se discutió con esos temas clásicos que no pasan de moda como son “Gema”, “Tres Regalos” y otras que ahorita se me escapan de esta memoria flaca que me cargo.

¡Ah! Se me olvidaba mencionar que tan luego cumplió su contrato el trío mi hermanita, sin pedírselo, tomó el micrófono y empezó a entonar esa canción que bien tuvo en componer el inolvidable Juan Gabriel, la clásica “Amor Eterno”, y ahí nos tienen cantando a capela, a todos se nos aflojó el moco y disimuladamente nos enjuagamos más que una lágrima traicionera.

Lugo de un nutrido aplauso, mi hermanita me hizo llegar el micrófono y para romper el hielo que me aviento “La Tertulia”, que como todos sabemos es un tema muy chusco del querido maestro Chava Flores y que magistralmente interpretó el sinaloense Pedro Infante.

Y cosa rara, en esta ocasión mi querida hija no exclamó “no cantehs papi”… y de ahí pa’l real, cada uno de la familia aportó su granito de arena para festejar a la autora de nuestros días.

¡Todo muy bonito! Imagino que así fue en todo hogar mexicano, ¿verdad?.. ¿No?

Perdón,  ¡tienen razón!, ya se me van las cabras, todo lo que relaté fue el año anterior, pues este 10 de mayo tuvimos que conformarnos con enviar nuestro cariño a nuestra jefecita mediante videomensaje, por aquello de Susana Distancia debido a la pandemia que nos azota.

Qué impotencia e imagino que ustedes también lo sintieron así, ver a nuestras madres ahí en su apartamento, casa o vivienda tan solo con su mascota esperando en Dios que todo esto pase y volvernos a reunir en familia el próximo año para abrazarnos y darnos el clásico beso en la mejilla… ¡Covid-19, qué poca madre tienes!, perjudicaste a la mamá de David y de todos.

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