LO QUE NO FUE NO SERÁ

En manos de AMLO y Moctezuma está la transformación o pudrición del IPN

 

Esteban Moctezuma ya tiene a su ‘gallo’, pero el Presidente Andrés Manuel López Obrador dirá la última palabra… La pregunta de la comunidad politécnica: ¿Acabarán con el cacicazgo de Enrique Villa?

POR MARKOFLOS

El Instituto Politécnico Nacional (IPN), prestigiada Institución de educación tecnológica, fundada por el entonces presidente Lázaro Cárdenas, tendrá relevo de director general el próximo 20 de noviembre de 2020.

La Ley Orgánica del IPN establece que el Presidente, en este caso Andrés Manuel López Obrador, a propuesta del secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán, debe suscribir el nombramiento de un nuevo rector del IPN o ratificar al actual para otro periodo de tres años.

La matrícula es de casi 200 mil alumnos, cuenta con una plantilla de 18 mil profesores y su presupuesto es de 17 mil millones de pesos.

Se estima en 700 mil sus egresados que, en los últimos 80 años, han hecho importantes aportaciones de capital humano en diferentes ramas del desarrollo nacional. 

Desde su fundación en 1936, el IPN ha tenido veintisiete directores generales. De 1936 hasta 1981, la designación correspondía al secretario de Educación Pública. A partir de 1981, el presidente José López Portillo expidió la cuarta Ley Orgánica del IPN, que señala, textualmente, en su artículo 12: “El Director General será nombrado por el Presidente de la República; tendrá la representación legal del Instituto Politécnico Nacional, durará en su cargo tres años y podrá ser designado, por una sola vez, para otro periodo”.

El artículo 13 establece los requisitos: “Para ser Director General se requiere: Ser mexicano por nacimiento y mayor de treinta años de edad; poseer título profesional de una licenciatura cursada en el Instituto Politécnico Nacional, con una antigüedad mínima de cinco años, y gozar de reconocido prestigio profesional y académico, tener solvencia moral y estar identificado con los objetivos que le dieron origen a la Institución.

Desde 1939, año en que el Ing. Manuel Cerrillo Valdivia fue el primer director general egresado del Instituto, se han designado doce directores generales egresados de la ESIME, cuatro de la ENCB, dos de la ESIQUIE, uno de la ESIA, uno de la ESCA y uno de la ESE.

Los que han sido designados por presidentes de la República, a partir de 1981, son nueve. Tres de los últimos provenían del mismo grupo “burocratico” interno.

Los más destacados directores no salieron de la burocracia interna del Instituto: Manuel Sandoval Vallarta (no era egresado), Héctor Mayagoitia Domínguez, Eugenio Méndez Docurro, José Antonio Padilla Segura, Raúl Talán Ramirez y Diódoro Guerra Rodríguez.

EL 20 DE NOVIEMBRE, DÍA CLAVE PARA EL IPN

La comunidad politécnica está atenta a la designación del director general del IPN para el periodo 2020-2023. Se puede evitar que el Instituto siga en poder del grupo que lo controla, a partir de que el ex secretario de Educación del presidente Vicente Fox, Reyes Taméz Guerra, nombró director general a Enrique Villa Rivera para el periodo 2003-2006. La condición fue que su sucesora sería Yoloxóchitl Bustamante (mentora y comadre de Reyes Taméz desde la ENCB).

La secretaria de Educación de Calderón, Josefina Vázquez Mota, ratificó a Villa para 2006-2009 y operó el nombramiento de Yoloxóchitl para 2009-2012.

El relevo de 2012 (12 de diciembre) coincidió con el inicio del gobierno de Enrique Peña Nieto. Emilio Chuayffet había armado las propuestas que llevaría al Presidente para sustituir a Yoloxóchitl, pero se le adelantaron. El lunes 8 de diciembre de 2012, durante la presentación de la Reforma Educativa en el Museo Nacional de Antropología, Yoloxóchitl Bustamante fue presentada al Presidente Enrique Peña como la directora que debía ser ratificada para otro periodo por el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y David López, jefe de Comunicación Social de la Presidencia.

El arreglo implicó algunas posiciones (para David López) y control político (para Osorio Chong). Yoloxóchitl tomó decisiones arbitrarias que no eran aceptadas por el alumnado, al tiempo que se distanció de Enrique Villa y empezó a sacar a su gente. El ‘caldo de cultivo’ estaba dado.

Villa, con los directores y funcionarios que tenía dentro del Instituto, organizó el “Movimiento estudiantil IPN-2014”, que a la postre terminó con la renuncia de Yoloxóchitl.

SERÁ COMO USTEDES DIGAN: OSORIO CHONG

Todos recuerdan que cuando el movimiento estudiantil creció y amenazaba con salirse de control, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong -con la culpa de haber apoyado la designación de la directora-, se arremangó la camisa y, junto con su subsecretario Luis Miranda, recibió a los manifestantes en la calle de Bucareli, frente al Palacio de “Covián”.

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El secretario Emilio Chuayffet y su gente organizaron las mesas de negociación con los “líderes” del movimiento y tras una larga mesa de diálogo con la fuerza estudiantil #TodosSomosPolitécnico, se logró el nombramiento de un director general “emergente”.

El 20 de noviembre de 2014 fue designado Enrique Fernández Fassnacht, apoyado por Rodolfo Tuirán Gutiérrez (subsecretario heredado de Vázquez Mota), quien lo había impulsado a ser rector de la UAM y secretario general de la ANUIES.

Un dato a resaltar es que Enrique Fernández nunca se había parado en el IPN, ni siquiera para dar clases. Durante su gestión no invitó a politécnicos de trayectoria, trabajó con un equipo cerrado que traía desde la UAM.

Al quitar a directores y funcionarios del equipo transexenal de Enrique Villa, le aplicaron la misma dosis. Antes del 20 de noviembre de 2017, cuando se esperaba su ratificación para otro periodo, Enrique Villa movilizó a su gente.

Recuérdese que los directores de escuelas los designa, de manera casi directa, el director general del Instituto, por lo que la mayoría debe su chamba y su “lealtad” a quien los nombró. Así el ex director convocó a sus huestes a salir a la calle -otra vez- y bastaron dos manifestaciones, de 200 estudiantes, que llegaron a Los Pinos para relevar a Enrique Fernández, que tuvo que entregar la Dirección General a Mario Alberto Rodríguez Casas, quien venía de ser director de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas, cargo en que lo había dejado Enrique Villa. Se supo que Villa convenció a otros ex directores de proponerlo al secretario de Educación, Otto Granados.

La mayor experiencia de Rodríguez Casas no era la academia ni la investigación, su mayor virtud era siempre ser el operador administrativo de Enrique Villa en el IPN, en el IMP y en Conacyt.

RODRÍGUEZ CASAS MUEVE SUS PIEZAS PARA PROTEGERSE

Para el relevo de director general del próximo 20 de noviembre, existe inquietud y preocupación dentro del Instituto respecto de nombramientos de directores de escuelas que se están haciendo de “última hora”… y en esto, como en la política, nada es casual.

El pasado 25 de septiembre, el director general Mario A. Rodríguez Casas publicó en la “Gaceta Politécnica” las convocatorias para nombrar directores de seis escuelas: ESEO; ESIME Culhuacán; UPIITA; Cecyt No. 1, de la Ciudad de México; Cecyt 17, de León, Guanajuato, y la Unidad Interdisciplinaria, en Zacatecas, además de otros cambios de directores de escuelas que se realizaron en octubre.

Lo extraño es que los movimientos se realizaron cuando los directores actuales aún no terminan sus periodos y en plena emergencia sanitaria, con la particularidad ya conocida por todos de la especial situación de clases en línea por la pandemia del Covid-19.

No es que uno sea mal pensado, pero al interior del Instituto se interpreta que la prisa por llevar a cabo estos relevos es un claro intento del director general para colocar y alinear incondicionales a su favor para “lo que se ofrezca”, incluso movilizaciones manipuladas con el fin de ser ratificado para otro periodo de tres años.

Los procedimientos de nombramientos académicos, directores de escuela y casi todos los funcionarios administrativos permiten al director general hacerlos de manera directa y vertical.

La centralización del poder del director general llega al extremo de que los gastos de oficina, papelería, café, insumos básicos, de cualquier escuela, los tenga que autorizar Mario Rodríguez Casas.

La normatividad interna es excesiva y confusa, pues se tienen más de 70 reglamentos y los que se van creando otorgan más facultades al director general en turno.

El IPN tiene una estructura administrativa obsoleta, excesiva y centralizada, con áreas que duplican funciones.

Autonomía no debe traducirse en despilfarro e impunidad. Su gasto debe ser transparente y apegado a la rendición de cuentas.

En educación no hay presupuesto que alcance, el del  IPN requiere una profunda reingeniería en austeridad y optimización.

El Instituto debe reorientar su estrategia de gasto. Tener como prioridad la mejora de su calidad educativa, mediante acciones concretas, como el apoyo al equipamiento e infraestructura de escuelas, talleres y laboratorios. En este rubro sólo se gasta el 1.62% del presupuesto total.

PRESUPUESTO, PARA ‘ELEFANTES BLANCOS’

Es claro para todos, y más para la comunidad politécnica, que se volvió una práctica de los últimos directores generales gastar el presupuesto en la construcción de “Elefantes Blancos”, como los que representaban los “Centros de Educación Continua”, que ahora se han renombrado como “Unidades Interdisciplinarias”.

Se han construido, en al menos la mitad de los estados del país, con una infraestructura mal planeada, con altos costos de construcción y con enormes gastos de mantenimiento, además de plantillas de profesores improvisadas y sin prestaciones.

En los últimos 3 lustros se construyeron estas Unidades de manera anárquica, no aportan la excelencia y lo esencial del IPN a las necesidades de la entidades y ciudades donde se ubican.

La última de estas Unidades se construyó en Palenque, Chiapas, y queremos pensar que fue después de un minucioso diagnóstico y estudio respecto de las necesidades de hacerlo ahí.

Se dispersan los escasos recursos, que bien podían destinarse para una mayor matrícula y más infraestructura y laboratorios de sus escuelas más emblemáticas.

Destinar más recursos para becas de alumnos, para un fondo de pensiones de profesores y a programas como la educación “dual” y apoyar a los inventores, creadores y alumnos de excelencia del IPN que han destacado en competencias internacionales en Robótica, matemáticas, informática y otras, que al tiempo sirvan para la generación de mayores recursos propios.

IPN, A LA VANGUARDIA

El Politécnico ha conservado su prestigio académico, gracias a su valiosa planta de académicos, en donde la mayoría ya rebasó la edad de jubilación, pero no se jubilan porque se carece de un plan de pensiones que les garantice un ingreso mínimo decoroso a quienes han dejado su vida al servicio de la docencia en el Instituto.

El IPN, por su origen cardenista, tiene el enorme compromiso de apoyar al gobierno de la Cuarta Transformación.

La comunidad politécnica reclama un director general que atienda los orígenes populares y solidarios del Instituto, pero que lo ponga a la altura de lo que requiere el México del siglo XXI.

POLITÉCNICO, POR SU PROPIA TRANSFORMACIÓN

Miles de egresados politécnicos, orgullosos de nuestra “Alma Mater”, esperamos que la designación del Presidente Andrés Manuel permita que el IPN tenga su propia transformación y que ello coadyuve a la transformación de México.

Seguramente Esteban Moctezuma, titular de la SEP, ya tiene a su candidato, es lógico y no es malo, pero su candidatura será sólo una sugerencia al Presidente López Obrador, quien finalmente tendrá la última palabra.

De Moctezuma y del Primer Mandatario dependerá que se termine el cacicazgo en el Politécnico… a estas alturas, al cuarto para las doce, la baraja ya está echada, sólo es cuestión de que el Ejecutivo federal levante la carta y revele el nombre del nuevo director general del IPN… o quizá no levante la carta porque quiere la reelección de Rodríguez Casas.

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