El Monarca estalla en cólera al no sentir lo duro sino lo tupido

A SIMPLE VISTA

  • La gota que derrama el vaso: el Preciso del Norte lo manda a la goma y le cuelga el teléfono

POR GAEL BUENDÍA

Desde algún lugar del mundo a 21 de mayo de 2020.

En la sala de juntas del Palacio Real se palpaba la tensión entre los ahí reunidos que, además, se removían de sus asientos un tanto molestos.

Y es que el anfitrión se había extendido en su perorata, más que nada por su lento hablar que el de tratar de resolver los numerosos asuntos que requerían su pronta resolución.

“Señores, ya les dije que sus datos de los problemas que hay en mis dominios no es de mi interés, se les paga para que maquillen esas pequeñeces”, expresa el Monarca con su acento sureño y que por respeto al lector no lo transcribimos tal cual es, por lo que rogamos al lector usar su imaginación.

“A ver, cuéntenme cómo va el score de contagiados y cómo lo han informado a mi pueblo noble y generoso”, les dice a sus subordinados. 

El ministro de Salud se reacomodó en su asiento con un claro nerviosismo y hurgando entre su grueso volumen de documentos dijo: “Majestad, hemos seguido sus instrucciones al pie de la letra, sin embargo, en las redes sociales están atiborradas de videos y denuncias difundiendo que la pandemia nos ha rebasado”.

El Monarca, molesto, les interroga: “¿Y qué se les ha contestado a esos… jijos?.. que de seguro son enviados por la “Mafia del Poder”.

Los ministros nacionales responden con cierta timidez: “Hemos contrarrestado con nuestros ‘bots’, pero le ruego a su Majestad que cuando emita una declaración antes pase por el vocero del Reinado, ya que lo último que usted dijo al respecto el pueblo sabio y bueno lo tomó como una más de su puntada (cagada)… ¿Cómo que en el Reinado hay suficientes sepulturas para los difuntitos que quieran morirse?”.

El Monarca, sacado de sus casillas, les contesta: “¡Ya! ¿Y qué querían oír? Bueno. ¿y qué más se dice en todo mi Reinado y fuera de él?”.

Los ministros, cabizbajos, le expresan: “Pues verá su Majestad, se dice allende las fronteras que usted es el monarca más… más… más… más”…

SU MAJESTAD PIERDE LOS ESTRIBOS

El Monarca, molesto y desesperado, le dice a su ministro internacional: “Ya, ya dígalo carnal Marchello”.

El canciller respira profundo, al tiempo que limpiaba sus espejuelos, responde: “¡Que usted es el monarca más pend… de la comarca!”.

Sorprendido el Monarca contesta: “¡Ah, sí! ¿Y quién lo dice? Bueno, no es necesario que lo mencione. Por cierto, ¿ya entablaste la querella a nuestros vecinos del Norte sobre la operación Veloz y Rabioso?”.

Marchello, muy altivo y seguro de sí mismo, le expresa: “Así es… y no han respondido. Usted dice si les declaramos la guerra o de plano los invadimos”.

Ante esto, el Monarca le indica con señas al ministro de Asuntos Internacionales que se siente y continua con la reunión con sus subordinados.

“¿Quién sigue? ¡Ah! sí, a ver, ya se ordenó tomarle medidas de ropa y calzado a mi pueblo sabio y noble”, expresa el Altísimo del Reino.

“Con su permiso Majestad -expresa el ministro de Bienestar Social-, pero el pueblo noble y sabio tomó su iniciativa como una más de sus jaladas. ¿Cómo que con dos pares de zapatos tiene el pueblo noble y sabio… y que para qué quieren más lujos?”.

El Monarca estalla en cólera -nada que ver con virus, no sean mal pensados- y habla con voz enérgica: “¡Malagradecidos! De cualquier manera, que se empiece a juntar las llantas viejas y a trabajar”.

Los ministros, bastante sorprendidos, exclaman: “¿Llantas?, ¿y para qué?”.

EL MONARCA GUARDA LA CALMA PARA NO ‘CAGARLOS’

El Altísimo se controla para no ‘cagarlos’ y les dice: “¡Como que para qué!… ¡Para que empiecen a elaborar los huaraches! ¡Como de que no! ¡A chaleco se los pondremos, me canso ganso! ¡Ah!, y también que fabriquen los uniformes… Ya habíamos quedado de qué color serán ¿verdad? El color de nuestro partido por supuesto… el color de la esperanza, ¿está claro?”.

Tímidamente el jefe de los ujieres le dice: “Majestad, ¿en verdad va en serio la Cuarta Transformación?”.

El Monarca exclama con voz firme: “¡Pues claro! Y a propósito. ¿su personal de inteligencia que indagó sobre mi iniciativa?”.

El ministro de la retaguardia le informa: “Majestad, también el pueblo noble y sabio lo ha vapuleado con dicho decreto. Argumentan que sacar al Ejército a las calles sería un gravísimo error, además usted en el pasado le criticó a su antecesor dicho proceder. Y con todo respeto… ¿para qué salir a las calles?, ¿para que los malandros nos humillen y nos sobajen?”.

El Altísimo, haciendo gala de su inteligencia, le contesta: “General, usted cree que ordeno nada más por ordenar… Vean bola de inútiles, en cuanto se prolongue más la pandemia mi pueblo noble y sabio no soportará más el hambre y saldrá a las calles a saquear comercios… y sobre todo van a aprovechar la Mafia del Poder para hacer su desmadre… y aquí viene la pregunta, general, ¿entonces qué hay que hacer?”.

PARA REMATE DEL ‘DÍA DE FURIA’: LAS TROMPADAS DEL PRECISO DEL NORTE

En ese momento interrumpe la secretaria y le comenta: “Majestad, por la línea roja tiene una llamada del Preciso del Norte”.

“El Cerote”, seguro de sí mismo, toma el auricular y expresa aparentando naturalidad en su hablar: “A sus órdenes, mi fino y nunca bien ponderado amigo Mr. Trush”.

Trump, no estando de humor para sus bromitas, le dice: “Tú, dejarte de zalamerías y yo preguntar ‘¿ya sacaste el Army a las calles’?”.

“En eso andamos, mi fino amigo”, dice el Altísimo.

El Preciso del Norte hace un berrinche y le expresa: “¡The fuck takes me!  ¡You are a useless man!”… y cuelga superenojado.

El rostro del Monarca cambió a dos colores: Primero enrojeció y luego se puso pálido como la cera de campeche.

Se levantó de su asiento y abandonó la sala de juntas, su andar fue más rápido que de costumbre al tiempo que se tocaba el estómago…

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