¿Dónde andará ese amor que quise tanto?

A SIMPLE VISTA

“¡Ay! Cuántas cosas bonitas vas a ver mi reinita en mi pueblito que Dios forjó para que sus habitantes se sintieran orgullosos de ser de San Pedro Tlaquepaque” le dije a mi Reyna de mi vida, que me hizo hacerle un juramento

POR GAEL BUENDIA

Desde algún lugar del mundo a 18 de mayo de 2020.Desde hacía buen rato que nuestra canoa se deslizaba por las aguas de la laguna en territorio neutral. Horas atrás habíamos dejado aguas pertenecientes al municipio de Capacho.

Nuestra embarcación era llevada por el suave viento con destino a tierras jaliscienses. Y es que fue tanta tu insistencia en decime que cuando “te robara” te llevara a conocer el lugar donde vi la luz por vez primera.

En qué aprieto me pusiste mi Reyna ya que ¿cómo decirte, cómo explicarte que ni soy de aquí ni soy de allá? Que en mi largo peregrinar por esas tierras de Dios el mundo me ha adoptado como su hijo predilecto.

Ja, ja, ja, qué risa al recordar cuando tú, tratando de adivinar el lugar de mi origen, dijiste: “Por tus ojos pareces tapatío, ¿acaso eres de San Juan de Dios?”.

En mis labios se dibujó una sonrisa negándolo y dentro de mí me dije: “¿Es burla o qué?”.

Y así fuiste mencionando varios lugares de aquel hermoso estado hasta que me ganaste la voluntad y dije: “¡Sabes qué, me retoza el gusto ser de Tlaquepaque!”.

¿CÓMO OLVIDAR TU SONRISA DE ALEGRÍA?

¡Ay, Reyna de mi vida! ¡Cómo olvidar aquella sonrisa de alegría que se dibujó en tu rostro dejando ver tu blanquísima dentadura y me rogaste para hacer un juramento: “¿Sabes? ¡Quiero que me lleves ahí! Quiero que en ese lugar sea nuestro encuentro espiritual y que nuestras almas se unan por toda la eternidad. Me cuentan que es un lugar de ensueño, que siempre huele a tierra mojada… ¿es cierto?”.

Y yo de presumido le respondí: “Así es, lo más lindo de mi tierra son sus plazas, sus portales y sus pocitos de agua fresca. Y no se diga su gastronomía. Veras que cuando lleguemos le entraremos al pozole en tanto que los mariachis nos toquen sus sones llenos de alegría. Conocerás lo más lindo de mi tierra; sus plazas, sus portales y sus pocitos de agua fresca”.

Y como la Reyna manda y Vagabundo debe obedecer le exclamé con alegría inmensa: “¿Quieres que te lleve mi Reyna? ¡Pos te llevaré!”.

Mientras tanto nuestra embarcación se deslizaba por aguas neutrales con destino al bello “puerto de Chapala”.

Rememoraba aquella escena pasional. Y cómo olvidarlos si en mis labios aún estaban impregnados tus besos y ni cómo negarlo ya que en toda mi piel también llevaba toda tu esencia de mujer.

Y así, mientras tú dormitabas en mis brazos, yo recordaba aquellos momentos en la que en nuestros cuerpos hubo continuación.

Y así, “rejuntaditos”, te susurraba al oído: “¡Ay! Cuántas cosas bonitas vas a ver mi reinita en mi pueblito que Dios forjó para que sus habitantes se sintieran orgullosos de ser de San Pedro Tlaquepaque… ¿Y sabes? Tlaquepaque también fue gobernada por una mujer llamada Cihualpilli Tzapotzinco”.

A mis palabras obtenía como respuesta el silencio de tu parte, ya que estabas completamente abandonada en brazos de Morfeo. No niego que sentí celos y con ese sentimiento también me acurruqué en tu regazo.

UNA NOCHE DE PASIÓN BASTÓ PARA ALIMENTAR MI ALMA EL RESTO DE MI VIDA

Muy entrada la mañana arribamos al bello “Puerto de Chapala” y a lomo de mula un lugareño nos llevó a la mera placita de Tlaquepaque, en donde el bullicio de los habitantes contagiaba.

“No te me agüites mi Reyna que estamos en Tlaquepaque. ¡Prueba la birria!, ya verás qué sabrosa y cómo pica. Pero antes éntrale a la tequilita con salecita y su botanita”.

La noche llegó y lejos de miradas indiscretas nos fuimos afuera del pueblo a contemplar cómo cae la Luna que, como he mencionado, varias veces no se hizo la desentendida y nos bañó con sus rayos. Le siguieron los luceros que parpadean al morirse de celos con ver tus ojitos negros.

Y pa’ qué preguntar que cómo te sientan los aires de mi Tlaquepaque si tu piel se puso chinita, y no por frío sino por mis traviesas manos que recorrían cada parte de tu recóndito cuerpo.

El sarape que nos protegía dizque del frío sirvió como un lecho de rosas el cual “absorbió” el elíxir de nuestros quereres… Sólo recuerdos nos quedan… ¿Dónde andará? ¡Ay, cómo extraño ese amor que quise tanto!

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